¿Donald Trump busca cambiar las reglas a su favor para las elecciones de medio término?

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La mayoría de la que goza Donald Trump en las dos cámaras del Congreso estará en juego en las elecciones intermedias del próximo noviembre. El Partido Republicano anunció un proyecto de ley para reformar el sistema electoral, mientras el presidente aboga porque, en contra vía de lo que establece la Constitución, sea el Ejecutivo federal el que supervise los comicios. Los opositores a la iniciativa denuncian que miles de votantes podrían perder su derecho y advierten de una violación a la autonomía de los estados.

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quiere reformar el sistema electoral en la antesala de las determinantes elecciones de término medio, fechadas para el 6 de noviembre de 2026, en las cuales se renovarán la totalidad de los 435 escaños de la Cámara de Representantes y un tercio del senado.

El republicano, que hasta hoy se declara víctima de un fraude electoral en 2020, aboga por “nacionalizar” estos comicios, según afirmó en un pódcast el 2 de febrero, lo que implica que el Ejecutivo federal, y no cada estado, sea quien supervise las votaciones, en contra de lo que ordena la Cláusula de Elecciones de la Constitución.

Trump afirmó que los republicanos deberían “tomar el control de las votaciones en al menos 15 lugares”, aunque no específico a que demarcaciones electorales se refería.

Días más tarde, desde el Despacho Oval, el presidente aseguró, sin pruebas, que en algunos estados hay una “terrible corrupción electoral”, de la que puso como ejemplo a Pensilvania, Atlanta, Detroit, Filadelfia —mayoritariamente demócratas—. “Creo que el gobierno federal debería involucrarse”, deslizó. 

Opositores de Trump y analistas críticos con la propuesta denuncian que atenta contra la autonomía de los Estados, priva del voto a ciudadanos aptos para sufragar y busca cambiar las condiciones electorales previo a unos comicios de gran relevancia.

Republicanos Vs. la Constitución

La Constitución de EE. UU., la segunda más antigua del mundo, establece que el presidente no tiene poder directo sobre la administración electoral, al precisar en la Cláusula de Elecciones del artículo I que “la fecha, el lugar y el modo de celebrar las elecciones para senadores y representantes serán determinados en cada estado por la legislatura del mismo”.

Así, la Carta Magna es explícita al afirmar que es competencia de cada estado definir cómo se organizan las votaciones, cómo se registran los votantes y cómo se cuentan los votos. 

No obstante, la Constitución también faculta al Congreso para “mediante una ley, establecer o modificar tales normas, salvo en lo que se refiere al lugar de elección de los senadores”.

Trump quiere aprovechar esta ventana normativa para modificar el proceso logístico de las elecciones intermedias, a través de los parlamentarios republicanos. 

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“Make Elections Great Again”

La propuesta del Partido Republicano para reformar el sistema electoral quedó plasmada en un documento difundido el 29 de enero bajo el título ‘Make Elections Great Again Act’ (MEGA) [Ley para que las Elecciones Vuelvan a Ser Grandes], impulsado por el presidente del Comité de Administración de la Cámara, el republicano Bryan Steil.

La propuesta introduce requisitos más estrictos para registrarse como elector, limita el voto por correo y prohíbe algunos sistemas de votación que se han extendido en estados como Maine y Alaska.

“Los estadounidenses deben tener la confianza de que sus elecciones se llevan a cabo con integridad, incluidos requisitos sensatos de identificación de votantes, registros electorales limpios y verificación de ciudadanía”, aseguró Steil.

Las modificaciones contemplan que los votantes deban presentar una identificación en vigor con fotografía antes de sufragar e impone a los estados que verifiquen que cada una de las personas del censo electoral es ciudadano estadounidense.

Además, la Ley MEGA busca que todos los votos en elecciones federales se emitan en papeletas físicas que puedan ser auditadas. Actualmente, más de 45 estados usan papel en algún grado —un 70% de votos en 2024—, pero otros —como Louisiana, Mississippi, Carolina del Sur o Tennessee— dependen mayoritariamente de máquinas sin rastro de papel.

Trump se ha mostrado como un férreo detractor del sistema de voto por correo, al que ha definido como “corrupto” o un “engaño”. 

En esa línea, la Ley MEGA busca impedir que los estados sigan usando sistemas universales de voto por correo, mediante los cuales las autoridades envían boletas a todos los sufragantes sin una petición previa. Al menos ocho estados usan este esquema: California, Colorado, Hawái, Nevada, Oregón, Utah, Vermont, Washington, la mayoría de ellos con una tendencia demócrata dominante.

Además, los republicanos plantean que las autoridades de cada estado se responsabilicen de que las papeletas enviadas por correo sean recibidas antes del cierre de las urnas el día de la elección, con excepciones limitadas para militares y votantes en el extranjero.

Paralelamente, la MEGA Act plantea una “limitación a la posesión de votos por correo” para que únicamente el votante o un familiar inmediato pueda entregar su balota, lo que cierra la puerta a que terceros, como voluntarios o activistas, puedan recoger, transportar y entregar múltiples sufragios a las autoridades electorales.

La reforma electoral también prohíbe el uso del voto por orden de preferencia, mediante el cual los votantes enumeran a los candidatos por orden de favoritismo en la misma papeleta, en lugar de marcar a uno solo.

Bajo este sistema, si nadie alcanza más del 50% de primeras preferencias, se elimina al último y sus votos pasan a la siguiente preferencia del votante, una acción que se repite hasta que alguien logre mayoría absoluta. El voto por orden de preferencia se usa en elecciones generales federales en Maine (para todos los distritos desde 2018) y Alaska (para Congreso y Senado desde 2022).

“Estas reformas mejorarán la confianza de los votantes, reforzarán la integridad electoral y harán que sea fácil votar, pero difícil hacer trampa”, zanjó el republicano Steil.

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“Manipular” las reglas antes de elecciones

En línea con el representante Bryan Steil, precursor parlamentario de la Make Elections Great Again Act (MEGA), el presidente del Partido Republicano de Wisconsin, Brian Schimming, sostiene que las reformas electorales son esenciales para garantizar transparencia a los votantes.

“La Ley MEGA Act es un paso crucial para restaurar la confianza en nuestro proceso democrático y ofrece reformas de sentido común, largamente esperadas, que los votantes de todo nuestro estado y nuestra nación esperan”, afirmó.

Steil ha incluido en su proyecto algunas voces de activistas y organizaciones conservadores que abogan por la ejecución de la reforma electoral.

El activista republicano Scott Presler, de Early Vote Action, considero estos cambios esenciales para unas “elecciones justas”, mientras que la abogada Cleta Mitchel define la iniciativa como “una fantástica ley integral que restaura la integridad de las elecciones”.

El ex secretario de Estado de Ohio Kenneth Blackwell se mostró conforme con la exigencia de un documento con fotografía para votar: “El voto de los no ciudadanos en las elecciones estadounidenses es inaceptable. Votar es un deber cívico, un privilegio único y un derecho fundamental”.

Entidades como el Centro Brennan o el American Inmigration Council han publicado estudios que concluyen que los votos emitidos por ciudadanos no estadounidenses constituyen un porcentaje residual, incluso del 0,0001%.

Mientras los simpatizantes más fieles a la Administración Trump cierran filas entorno a la MEGA Act, quienes se oponen al proyecto vaticinan un detrimento del derecho al voto y la autonomía de los estados.

Los demócratas en la Cámara y el Senado han presentado la propuesta como un intento de “manipular” las reglas antes de las elecciones de 2026, en palabras del Joe Morelle, principal demócrata en el Comité de Administración de la Cámara. Morelle definió el proyecto de ley como “un último intento de impedir que millones de estadounidenses ejerzan su derecho al voto”.

El director del programa de Derecho al Voto del Brennan Center, Sean Morales‑Doyle, también advirtió de que la reforma republicana “podría suponer el riesgo de eliminar a votantes con derecho a sufragio”.

Hakeem Jeffries, líder demócrata en la Cámara, sostuvo que “los republicanos no quieren unas elecciones libres y justas porque saben que, si eso ocurre, van a perder”, aseguró.

Sin embargo, no todas las críticas llueven desde los demócratas. El republicano Stephen Richer escribió en un artículo publicado en ‘Cato Institute’ que el sistema actual “permite a los estados reconocer sus atributos únicos (por ejemplo, los estados occidentales apoyan el voto por correo debido a las mayores distancias geográficas) y refuerza la seguridad electoral (no hay un solo hackeo que pueda perturbar los 50 estados)”.

Tradicionalmente, el partido de gobierno suele perder escaños en las elecciones de medio término. Este año, los demócratas solo necesitan arrebatar tres distritos a los republicanos para controlar la Cámara de Representantes.

Donald Trump, el presidente que alentó el asalto al capitolio el 6 de enero de 2021 para sabotear la investidura del expresidente Joe Biden, busca alinear a sus legisladores para convertir las elecciones en un evento “grande otra vez”. 

Con AP y medios locales

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